lunes, 10 de octubre de 2011

El 31 de agosto de 2011 salió a la luz el libro:
"El eterno grito de la existencia"
Sentencias Viscerales III de Sergio Abaldi
Una obra literaria y fotográfica

Disponible en el Centro Cultural Borges
Viamonte esq. San Martín - Primer Piso
1053ABK - Buenos Aires - Argentina
Tel.: 0054 (11) 5555-5359 e-mail: info@ccborges.org.ar

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C.C.Borges: Distribuidor Exclusivo

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Belgrano 171 PB - Ramos Mejía - Bs. As. - 0054 (11) 4656-7523

Derechos de autor reservados:
Sergio Abaldi - C.C.Borges 2011 - I.S.B.N. 978-987-23374-1-4
CONTACTOS

Sobre la trilogía que componen los libros:
"El eterno grito de la existencia"
Sentencias Viscerales I - II y III


Prólogo del libro "El eterno grito de la existencia" - Sentencias Viscerales III de Sergio Abaldi - Centro Cultural Borges 2011 - ISBN: 978-987-23374-1-4


La ambiciosa tarea de encarnar un ensayo sobre los vaivenes de la existencia me conduce a martillar directamente sobre el hombre y la actitud que adopta ante un origen sin respuesta.
Debido a la inconmensurabilidad que esta temática encierra, entiendo de antemano que no podrá ser esta obra, de otra manera que inconclusa.
A ella, por ese extraño designio que no habita en el conocimiento y que por eso queda exento de toda posibilidad de análisis, he decidido consagrar el resto de mi vida a sostener el compromiso de incrementar su argumento, inyectando cada nuevo escrito con la mayor intemperancia que aborde a mi ser.
Pongo así de manifiesto mi imperiosa necesidad de escribir por encima de cualquier otro hecho terrenal que pueda franquearme. Incluso secundario es el acontecer que mi literatura fuese publicada, pero suponiendo que esto último siga suscitándose, ya sea por esmero de organismos que presten su interés a funciones de mecenas o sobre todo debido a mis propios esfuerzos, quiero hacer saber que en mi mente siempre rondó la idea de llevar a cabo la modalidad de obra ampliada hasta sentir agotado ese esquema. Por ello, este libro incluye el contenido de los dos precedentemente editados, más el material inédito que fue anexado ocupando un sitio no al azar, sino que cada texto o imagen ha sido intercalado dentro de la estructura más abajo descripta. Además, con intención de “perpetuar” visualmente las portadas, mantuve para la actual, como lo haré para las futuras publicaciones que eventualmente fueren produciéndose, misma tapa-contratapa e igual título y subtítulo, aunque sí, en él irá variando su numeración acorde con el libro o formato que se gestare, por ejemplo: “El eterno grito de la existencia” - Sentencias Viscerales I, II, III… y así sucesivamente hasta que por completo de ímpetu carezca para empuñar “pluma” alguna.
Por otra parte, salvo destacadas excepciones, al experimentar la reticencia de los entes privados o estatales en lo que refiere a obtener apoyo económico para con mi propósito, y a la par, verme desprovisto de todo aparato publicitario (cosa que para esta clase de literatura quizá merezca ser tomado como una bendición) he determinado, como hasta ahora vengo haciéndolo, manejar publicación, distribución y exposición del libro en forma independiente, poniendo en acción una “maquinaria” con cualidades de neto corte romántico para la época, puesto que la meta es fomentar una rueda editora que se autoabastezca con la venta de los volúmenes, hecho que me halaga, dado que, hasta ahora, se ve cristalizado por la aceptación de los lectores… en definitiva, de ellos depende. No obstante, es fundamental recalcar lo mucho que le obedece al autor, el tesón a volcar en cada uno de los detalles que un circuito de producción editorial independentista sugiere, si desea alcanzar el punto más importante de este mecanismo: la circulación de la obra concebida; tramo con creces dificultoso de incitar para forjar un venturoso boca a boca (la mejor divulgación). Máxime cuando actualmente el rebalse de material ofertado, por sello o por autor, hace que para aquellos literatos iniciados o de bajo perfil rentable, se deje descuidado en extremo el ejercicio distributivo y de exposición de sus letras. Algo que entorpece el tráfico de lo generado, sembrando una situación sumamente lesiva para estos escritores noveles o paralelos al aparato comercial. De ahí surge la importancia de no cejar en propagar el trabajo para que alcance ojos contemporáneos ajenos. Yendo más a fondo aún, en mi caso el proyecto adolece de pretensión de rédito monetarista alguno más que el destinado a la nombrada autogestión editorial, y llegar a que un tercer libro vea la luz, por motivo, en gran medida, de que los anteriores se agotaron, me convoca a la más impensada de las satisfacciones. Por consiguiente, expreso que un escritor escribe porque tiene algo que decir, y si esto trasciende en vida del autor, la erupción ha comenzado, pues la obra se ha fundido al tiempo de su muerte por adelantado. Luego, en el futuro lejano, el tiempo será también el único árbitro capaz de endilgar sepulcro o ramificación a “eso” que él ha elaborado y lanzado para que navegue la incertidumbre. Esto no debe sonar determinante; sobrados ejemplos de trascendencia hay de quienes nunca editaron; sólo pretendo contar, desde mi experiencia, desde un hacer, las vicisitudes de un emprendimiento que no quiere sentarse a la espera de un milagro y de ningún editor.
Retomando, y con el mismo estilo que afirmo las dificultades para obtener fondos subsidiarios, reconozco sí, al menos para con mi labor, la “lluvia” de auspicios institucionales que avalan esta obra, distinciones que trataré de seguir gestionando, en tanto la misma continúe siendo elegida objeto de estudio o disertación, para que por un lado esto me permita acordar más flexiblemente con sellos editores, pero sólo a nivel promocional, y por otro, con caracterizados lugares, puntuales librerías, museos o centros culturales, pretendiendo que los mismos oficien cual bocas exhibidoras de los ejemplares promulgados.

Dicho esto, he de referirme al género literario sintiéndolo como una poesía embebida por la filosofía y viceversa, revelándose en él un “cóctel” de reflexiones, poemas y relatos, ordenados por temáticas implícitas y recurrentes, en los cuales, como el subtítulo indica, reina la sentencia o aforismo, esto es, la voluntad del decir. Son estos tópicos los que me arrastran a concentrar la obra agrupando el concepto bajo tres denominaciones y dos anexos, donde las tres principales secciones y el primer adjunto se encuentran sometidos al compuesto literario arriba citado, mientras que el último, abarca un conjunto de series fotográficas que bien pueden instar tácitamente al agudo observador a relacionarlas o hacerlas interactuar con la parte escrita, ya que es en ella donde subyacen las señales para construir nexos y permitir diversas asociaciones; cosa que adrede preestablecí, simplemente para dar unidad al trabajo y hacer notar lo endeble de las interpretaciones, incluidas las mías, cuando recurrí al armado del complemento visual, basándome en mis propios escritos, quedando mi subjetividad inexorablemente inducida por el decir del lenguaje y su mundo de representación.
Paso a describir la diagramación general de la obra:
I Aforismos: Reflexiones, sentencias y poemas propiamente dichos, esgrimidos desde mi mirada activa, sita en un rincón.
II Uno de mis días: Estas reflexiones, sentencias y poemas son tratados en primera persona, por lo cual los estimo mucho más viscerales que los anteriores al derramar en ellos pensamientos devenidos de experiencias vívidas que cargo en mis espaldas.
III Aforismos, refugiados en breves relatos sobre doncellas, caballeros y otros personajes… incluyéndome a mi: Lugar éste, en el que las sentencias viven inmiscuidas en el relato esperando ser descubiertas. Considero entonces que lo más próspero de este capítulo está en el decir, no en la historia, por lo tanto, sin ir en detrimento pero valiéndome de ella, es que denomino auto-citas a los aforismos aquí situados, por haberles procurado espacio para que también por sí mismos hablen en otros sectores de la pieza sin necesidad de nadar en relato alguno y potenciar la idea de circularidad en la obra.
Anexo I: Me animó a incluir las editoriales que he escrito para la revista de la Asociación Mutual de Veteranos del Club Atlético Huracán de la Ciudad de Buenos Aires, el simple hecho de que todas ellas están dotadas de un tinte nítidamente sociológico, acompañadas del hilo conductor del libro, la sentencia.
Anexo II: Como anteriormente había indicado, este agregado involucra imágenes fotográficas. Aquí debo confesar que al valorar el recurso de toma directa, de retoque digital u otra técnica distorsiva ausente como la expresión artística más cercana a lo existencial, he resuelto titularlo “Representación del instante”, y para fortalecer multiplicidad, enredar a la modelo dentro del conjunto gráfico, para hacer nacer lo que di en llamar “Dramaturgia estática de la obra”, razón por la que ni sus poses, ni sus gestos, tampoco los elementos u objetos en las otras fotografías, fueron instaurados de improviso, sino que simbolizan la concepción general del compendio literario… a la postre, dispuse secuencialmente las fotos. A la vez y a pesar de ser parte de un todo, nada priva que éstas puedan ser contempladas escindidas del bloque lingüístico, adquiriendo autonomía e instituyendo una constitución exclusivamente plástica. Por eso las mismas, por causa de diferentes combinaciones entre lo mencionado (modelo - objeto - elemento) trazan líneas, comulgan formas similares, presentan perspectivas, simetrías y edifican un encadenamiento de imágenes que intentan amalgamarse para establecer un “diálogo” en los fotogramas de cada serie. En varias de ellas, predominan composiciones que se demuelen en un aparente fuera de contexto, capaces de desplazar la interpretación aliada a lo primero - práctico - conocido y desorganizar las educadas sensibilidades del espectador. Acto seguido provoca esto, que presurosa advenga en él, la necesidad de asociar la imagen fotográfica, con alguna realidad a la que el entendimiento adhiera para que la inquietud halle justificación primero y reposo después. Al final de este segmento, un índice fotográfico que devela lo “verdaderamente” retratado, acentúa más aún ese letargo.
Producida la aludida desorganización de las educadas sensibilidades en el observador, por más que este no repare en ello, es ese el instante donde la obra, como obra en “sí misma” ha cumplido su objetivo, lo que sigue “festeja” socialmente, a través de esas combinaciones y representaciones señaladas, para nada más generar significantes.


Así expuesto, toda significación vertida sobre la imagen es meramente eso, y sólo como significación tiene valor, porque lo más importante, como en todo, radica con antelación a una interpretación. Algo que en el no-lugar de los lugares permanece para poner en vilo a la existencia, algo intangible de lo que el hombre ha sabido desligarse e incesantemente en su devenir diluye… y al no enfrentar esa intrínseca convulsión evita con ello regalar las inquietudes al asombro, arrojar a la eternidad el instante en que nace una misteriosa emoción o aprehender el saber de cómo deshacerse para recomponerse, pero con hidalguía, ante su propia miseria.

¡Ni siquiera alcanza con reparar conceptualmente sobre esto último! pues en el lecho de la comodidad cualquier rebelión es de pronto sofocar, y es esa perezosa cultura la que logra que se atesore lo primero otro, como único fundamental.
S. A.

Pese a ser “uno más entre tanto nadie” y querer expresar los pormenores sobre el modo de encarar el trabajo, primordialmente he sentido exponer aquí mi concepción de circularidad, a través de la pluralidad, con el fin de precisar unidad de contenido merced a esta trilogía… una especie de “suite foto-gramatical”.
Quienes estimen el presente desarrollo como condicionante, pueden formar fila y de a uno marchar a regodearse en la exaltación de la influencia, pues por encima de mis conceptos, cada cual deberá saber hacer de y con la obra lo que le plazca, así debe ser…
¡No más!

"Sobre el por y el para qué del armado de esta constelación fotográfica"

La composición de las series fotográficas a través de líneas imaginarias para vincular diálogos entre cuerpos, elementos u objetos, no tiene intención otra que la invitación a deshacer las diferencias para establecer efecto de unidad dentro de la geometría del tiempo.

Imágenes - Textos: Libro El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Asomó de su letargo un sueño vago, revuelto y tan lejano que parecía no haber pertenecido a ser alguno.
Antagónico es que el hombre sea su protagonista ya que nunca pudo afirmarse como tal, dado que su conducta es la negación constante de “sí mismo”.
En consecuencia, la convicción que tiene frente a lo que concibe como su realidad carece de sustento, pues aquello que habita en el hombre...
¡jamás es el hombre!


Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
El ser…
Ingrediente indispensable del todo existenciario…
¡incluso del propio hombre!
Y la razón…
Distintivo atributo que los animales del pensamiento enarbolamos,
incapaz de involucrarnos en ese todo esencial,
nos condenó de perpetuo al eterno grito de la existencia.


Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Imágenes: Libro El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Para el águila solitaria ha de existir un único amante...
la altura.


Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Al parecer una matriz no tan convencional.
Sus facultades naturales desde el oscurantismo negadas…
y sólo por gestar un espíritu inquieto,
sísmicamente inestable,
que encadenado en aprietos de inconsciencia ¡estalló!
Cómo no sentirse así por cargar el peso que porta un elegido.
Licuado entre los hombres la tarea resultó infructuosa.
De necio e ingenuo fue tratar de corregir a las bestias de la razón.
Regaló su pasión en la cruz y a poco de ello nadie lo volvió a ver jamás.
¡Qué no se espere su regreso!
Al menos a semejanza de lo humano.
Sólo un masoquista vuelve a sufrir por egoísmos ajenos.
Q.E.P.D.


Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Imágenes: Libro El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Cuando llegué a mí, yo ya no estaba...
Y tú crees conocerme.

Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Imágenes: Libro El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Todo construye a semejanza su propia sombra.
Ha de ser ella sólo la continuación imitativa y oscura del todo.
Sin embargo habitamos la sombra, ¡nunca el todo!


Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi
Imágenes: Libro El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales, Sergio Abaldi

NOTA REALIZADA POR LA REVISTA DE CULTURA "PROMETHEUS NRO. 29"


Un acercamiento a la obra literaria - fotográfica,
El eterno grito de la existencia
"Sentencias Viscerales"
de Sergio Abaldi



Una poética crítica

Hablamos de una poética crítica en Abaldi por varias razones. En principio, el término poética refiere a “poiesis” y es un vano intento por aglutinar en una palabra los géneros que cual uomo universale este artista entrecruza: aforística, cuento, poesía, fotografía. Por su parte, el adjetivo “crítica” refiere a la mordacidad con la que escribe de la cual no se salva ni él mismo: “Cómo podría tener el tupé de creerme escritor en esta época de apuradas definiciones en la que cualquiera, a cualquiera premia, inundándolo todo con rótulos importantes... Dejo el trámite de esa distinción al tiempo. Yo, o el que dentro mío está, sólo escribe porque considera su mejor manera de ausentarse del mundo habitado”.
Nos reunimos con él para dialogar acerca de su libro El eterno grito de la existencia “Sentencias Viscerales II” (el mismo contiene series fotográficas de las cuales reproducimos una de ellas al inicio de esta nota)

Prometheus: En tus escritos se nota una visión ciertamente negativa del hombre. Hay una crítica demoledora a las instituciones, la costumbre, los medios de comunicación, la tecnología. ¿Esa visión crítica es fruto de un descontento nostálgico del presente o estás sustentada en la confianza en que el hombre puede ser un hombre mejor?

Abaldi: El hombre actúa tratando de afianzar sus actos sosteniéndolos con meros acontecimientos sociales, los mismos pueden ser válidos para su devenir táctico en el mundo… una conveniencia, nada más. Desde ese punto lo que intento desarrollar en el libro es cómo vamos acrecentando la ausencia frente a nuestra condición intrínseca, a la que jamás nos hemos atrevido en extremo. Desde esa carencia digo que no podría tener una visión optimista ni pesimista del asunto pues ambas posturas al posarse y resolverse en un plano social conforman la cómoda imagen de la decadencia. Por eso hago hincapié en la eternidad del instante, transportar esto al entendimiento, es deshacer y recrear toda una cultura, llevarlo a la práctica hasta en lo más mínimo de lo cotidiano, otro ejercicio que al menos nos devolvería la artística alegría de lo trágico. Puede que aflojemos nuestra contractura mental si vivimos el desastre o el dolor como la bendita víspera de una celebración.

P: A lo largo de los escritos reunidos en El eterno grito de la existencia hay un aspecto del hombre que permanece inmune: la Filosofía. Pueden encontrarse referencias directas e indirectas a Parménides, Heráclito, Nietzsche y Descartes, por citar algunos. ¿De dónde te surge ese afecto por la Filosofía?

A: Yo no estoy a bordo del barco de los filósofos, sí en cambio me reconozco en esa balsa a la deriva de la poesía, la prosa, el texto breve y reflexivo o el relato corto, aunque sí acepto, que en mi caso, todos estos géneros deben tener la voluntad de recorrer el camino del decir, eso puede que me arrime a la filosofía. Como decía Borges, “me gusta explorar las posibilidades literarias que ella me brinda”. Por eso si debo hablar sobre mi literatura lo hago expresándome sentirla como una poesía embebida por la filosofía y viceversa, revelándose en ella un “cóctel” de poemas, relatos y decires, ordenados por temáticas implícitas, en los cuales, como el subtítulo indica, reina la sentencia o aforismo. Tornándome un poco intimista te cuento que, de chico, solía mi abuela llevarme a dormir la siesta mientras me leía los presocráticos… puede que esta señora me haya hecho soñar con las visiones de estos hombres…

P: Tu libro El eterno grito de la existencia es casi un trabajo de un uomo universale, puesto que amalgama en un volumen de gran calidad series fotográficas, reflexiones aforísticas, pensamientos devenidos en relatos caballerescos breves. Después de este proyecto ¿qué sigue?

A: Debido la inconmensurabilidad que la temática encierra declaro al proyecto de antemano inconcluso, lo que sí te adelanto es que ya está en marcha El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales III, que ya cuenta con el auspicio de la Biblioteca Nacional y la Embajada de Francia, pues Sentencias Viscerales II está siendo objeto de disertación en las clases del Instituto de Estudios Políticos de París para las lenguas hispanas. Por eso si tengo que referirme a una intención a futuro, es poner de manifiesto mi imperiosa necesidad de escribir por encima de cualquier otro hecho terrenal que pueda franquearme. Incluso secundario es el acontecer de que mi literatura sea publicada, pero suponiendo que esto último haya de suscitarse, he de llevar a cabo la modalidad de obra ampliada, es decir que cada nueva edición incluirá el o los libros anteriores editados, más el material inédito que se anexará ocupando un sitio no al azar, sino siendo cada texto intercalado dentro de la estructura literaria donde cada tema ya está estipulado implícitamente y que al traducirse en libro terminado, sólo permitiré que vea la luz una vez agotado el inmediato anterior. Por eso mantendré para las sucesivas publicaciones que eventualmente fueren produciéndose, misma tapa-contratapa e igual título y subtítulo, aunque sí, en él irá variando su numeración acorde con cada nuevo libro que se gestare, por ejemplo: El eterno grito de la existencia - Sentencias Viscerales I, II, III, etc… y así sucesivamente hasta que por completo de ímpetu carezca para empuñar “pluma” alguna.

Nota: Por Lucas Misseri

jueves, 20 de noviembre de 2008

En el mes de abril del corriente año coincidí, en un bar de la ciudad de Bs. As., con Norberto Verea. Sabida es la actividad de este periodista quien roza diversas temáticas, sobretodo la música y el periodismo deportivo… Siempre ha vertido gran ecuanimidad en sus conceptos y demostrado un comportamiento independiente, completamente alejado de las influencias o inducciones de los establishments corporativos. Lo concreto fue que de aquél encuentro surgió una conversación informal en la que le ofrecí mi libro pues pensé que algunos de mis escritos podrían interesarle para sus editoriales. De hecho así ocurrió e incorporó a su blog el texto “Producto y contenido” He aquí el audio...



PRODUCTO Y CONTENIDO

Asistimos a la era en la cual un bombardeo ininterrumpido de flashes arrastra a las personas de sus narices capturando su atención. Una época donde la educación a través de la imagen convirtió el pensamiento reflexivo en un precoz eyaculador de opiniones. Donde un producto es instalado mostrándose más importante que su contenido. Añadido a esto, desde las estructuras mediáticas, la escena es medida con la mágica varita de una chatura que encumbra este proceso perpetuándolo como fundamental. Obviamente el fútbol es también un engranaje de esta maquinaria de acción sistemática, presentándose como un depor-tecno-show que se alimenta de fanatismos herméticos y educadas pasiones, para sostenerse como producto, olvidándose por completo de la belleza que puede brindar su contenido. ¡Quién puede negar que lo ofrecido en la mayoría de los campos de juego del mundo es un bostezo!, ¡que lo que emociona (por no decir desahoga) es un resultado positivo, o peor aún, ¡conveniente! Pero salgamos del ejemplo para involucrarnos nuevamente en la pluralidad del concepto; quiero decir: quizá sea hora de experimentar en cada acto que tengamos que emprender, un retorno a la belleza, despojarnos de tanto envilecimiento mental, de ser más infantiles para atrevernos a crear y perderle el miedo al fracaso que todo este repentinismo asegura si no tocamos su melodía. Sé que esto hoy suena absolutamente impensable, pero las grandes gestas, hasta en el más insospechado de los intersticios pueden tener su origen. Fueron hombres los que hicieron lo indispensable en el momento que había que hacerlo para que lo necesario ocurra. No se trata de triunfos o derrotas, se debe ir más allá, ni siquiera hay que estar a la altura de los acontecimientos, sino por encima de ellos, ser capaces de torcerle el brazo al destino. Para ello, el principio esencial es, y de una vez por todas, sincerarnos primero con nosotros mismos. Ha de ser ésta una de las mayores virtudes que deberá poseer el hombre si intenta proyectarse con claridad. Saber arrebatar de sus entrañas cualquier hipocresía o interés que su condición personal le indique, desensillar de su propia miseria ante los compromisos que adquiera, reflexionar y desvendarse los ojos para aceptar que si las cosas no se encausan, es porque no se debe estar haciendo. Esto último, dicho desde lo que en extremo ese verbo en lo funcional significa, desde un hacer que vomite un huracán de realidades por más dolorosas que resulten. De muy jóvenes nos enseñan a tener fe; yo particularmente, en lo que a estos casos refiere, prefiero un hacedor y no sentarme a la cómoda espera de un milagro.Cada uno sabrá masticar el producto de estas líneas... el contenido, mal o bien que perturbe, nos “engloba” a todos.

Audio: Norberto Verea - Texto: Libro El eterno grito de la exitencia - Sentencias Viscerales - Sergio Abaldi